Saltar al contenido

Alpujarra

Historia de la Alpujarra

La comarca granadina de La Alpujarra, que se extiende por la ladera sur de la sierra nevada hasta el mar mediterráneo dividiéndose en alta y baja, fue poblada y visitada desde antiguo. Su riqueza minera (oro, plata, plomo, hierro...) atrajo a íberos, griegos o romanos, fue la época en que se fundaron los primeros asentamientos. Pero fue la época de dominio musulmán la que le dotó de la fisonomía que hoy tiene.

En la zona más visitada hoy de la Alpujarra alta, fueron primero los mozárabes desde el siglo VIII hasta el siglo X ( cristianos que vivían bajo soberanos musulmanes pagando tributos especiales, buscando la independencia y protección que ofrece la orografía de la zona a veces durante guerras civiles) , y luego los bereberes a partir del siglo IX ( pueblo de pastores norteafricano de lengua y raza camita y no semita como los árabes que representó el grueso de las tropas invasoras  y fueron excluidos por la minoría dominante árabe en el reparto de las tierras buenas y de la actividad urbana) se asentaron en una comarca a la que dotaron de una personalidad diferente en un entorno difícil. 

 

A imagen de las casas del atlas norteafricano, se construyeron casas de piedra y madera cubiertas por terraos, tejados planos de launa (pizarras trituradas que forman una capa arcillosa gris), a veces con prolongaciones o tinaos que cubren las estrechas calles y dotan de una aspecto muy singular estos pueblos blancos colgados de los barrancos de la sierra que traen agua  en acequias que irrigan pequeños huertos en bancales. En estas huertas se introdujeron en época islámica cultivos como el trigo duro, sorgo, mijo y árboles como la higuera, cítricos, granados, nogales o avellanos, y gran parte del terreno se dedico al moral o morera para la industria principal de la elaboración de seda.

Tras la conquista castellana y la revuelta de Aben Humeya en 1568 a la cabeza de los conversos moriscos a los que se recortaban derechos y asfixiaba, comenzó el declive y cambio. Se decretó la expulsión de los moriscos, con lo que esto significó de abandono para muchos pueblos, se inició la repoblación de la zona con castellanos, gallegos, murcianos o portugueses y se perdió para siempre la industria de la seda, a la par que llegaron nuevas tradiciones como las derivadas de la matanza del cerdo o curación de jamones.

Aún en el siglo XIX como atestiguan viajeros como Pedro Antonio de Alarcón, o principios del siglo XX, como indicó en su obra “Al sur de Granada” el escritor inglés Gerald Brenan, La Alpujarra era un mundo eminentemente rural y despegado del ”progreso”  por sus malas comunicaciones.

Cientos de alpujarreños en busca de mejores condiciones de vida emigraron en el siglo XX despoblando la comarca, con graves consecuencias sociales y culturales para la zona. Hoy en día los cultivos bajo plástico en la alpujarra baja, la industria del jamón y el turismo rural entre otras actividades han frenado este deterioro e incluso atraído a inmigrantes de otros países (marroquíes, ecuatorianos, lituanos...) a la zona.

 



                    Jarapas: Artesanía típica de la Alpujarra

fotos cedidas por EDILUX