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Monasterio de San Jerónimo

Historia de San Jerónimo

El origen de la construcción de este monasterio se sitúa en el ofrecimiento que hacen los Reyes Católicos tras la toma a las tres órdenes religiosas más importantes, Franciscanos, Dominicos y Jerónimos, para que se establezcan en la ciudad. Así, los Reyes Católicos donaron a la orden jerónima una finca con casa, molino y huerta que antes había pertenecido los reyes musulmanes. En 1519 se inician las obras, y poco después la viuda de Gonzalo Fernandez de Córdoba, el Gran Capitán, solicitó al emperador Carlos V le concediera el monasterio como enterramiento de su marido y panteón familiar, lo que le fue concedido a cambio de terminar la Capilla Mayor y decorarla con Retablo, reja y panteones (no ejecutados al final).

El exterior, con apariencia más de fortaleza que iglesia, nos muestra gruesos muros de cantería y escudos del Gran Capitán, la fachada, ya dentro del compás, también añade símbolos y escudos de armas de los Reyes Católicos junto a esculturas religiosas. Una vez en el interior, sólo un claustro en gótico tardío “isabelino” puede visitarse, perteneciendo el otro a monjas jerónimas de clausura tras la devolución a la orden del edificio en 1973, reparándose así el daño que hizo la desamortización. Este claustro mezcla la influencia gótica de Egas, el arquitecto de la Capilla Real, con portadas de las salas comunitarias ejecutadas a la romana por Siloé.

Igual ocurre en el interior de la Iglesia, un primer tramo isabelino con techo en oro y azul nos hace pensar en Egas o sus discípulos, mientras que el tramo desde el crucero al altar es ejecutado por Siloé al más puro estilo renacentistas con sus conocidos pilares corintios y figuras con héroes de la antigüedad clásica que rememoran las hazañas del Gran Capitán. Junto a la Capilla mayor está la lápida donde yacen sus restos, pero artísticamente lo más destacado es el magnífico retablo, quizás el más importante del renacimiento español, donde trabajó una constelación de artistas creando una gran complejidad en  las representaciones con una unidad en el resultado sorprendente.

El expolio del general Sebastiani durante la invasión francesa nos impide ver hoy el tesoro de la iglesia, como alhajas, rejas platerescas, banderas ganadas por el Gran Capitán en sus batallas o la espada que el papa Alejandro VI le entregó para la defensa de La Iglesia.

fotos cedidas por EDILUX